sábado, 29 de marzo de 2014

LA TIERRA MÁS BAJA DE LA VIDA (1)





¡Ya ves!, yo soy como la fiebre del campesino,
el labrado cenizo de las cumbres más altas.
Hoy he de traerte para enterrarte 
a una tierra más baja de la vida.

Sudo lluvias como conchas tempranas
al verte tan fértil
y dando tu cuerpo como alimento
a los pastos de verdes cementos.

No hay mayor río que mi herida.
Hoy callas tú y  lloro yo 
al callarte la vida.

Paseo  entre páramos y barbechos  vacíos,
camina mi pecho con el calor de tu camino.

Levanté mi vuelo con mis ojos,
levanté la madrugada con el cielo,
levanté mi mano para tocar mis orillas
que son mis ojos llorando como riachuelos. 

Te niega la vida y yo lo resumo muy breve:
¡más que a la vida ...mataría a tu muerte!

 Levanté mi antojo como la cumbre
por ver tu cuerpo y tu nombre.
Más pesada que las piedras de mis nortes
y más estridentes que  mis rayos,
llenos de catástrofes, vendavales y alborotos,
me llenaste al contemplarte.

Quisiera hablarte para que me escuches,
quisiera escucharte y yo poder hablarte,
apartar tu cama  de  frente o de lado
y quitar la tierra que te cubre.

Quiero desmenuzar nuestro tiempo,
removerlo y  trenzarme a ti…
junto a tu cuerpo.
Cavar la tierra con mis dientes,
bajarme al andamio de tu roble,
para meterme dentro.

Daré luz  a tu sombra que ha sembrado
la sangre oscura de mis cejas.


Del labrado cenizo y de las cumbres más altas, 
a la tierra más baja de la vida.



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